28 feb. 2011

Sola

Luz de mediatarde, semianaranjada entrando por las ventanas de mi habitación. Televisión encendida en canal de música con la canción "Wonderwall" de Oasis. Y la netbook a mi dispocisión para jugar a cualquier jueguito enviciante. La casa sola. Estaba perfectamente bien, plácida. Hasta que papá llegó a casa y mamá acaba de entrar a mi cuarto y me di cuenta de cuánto me gusta estar sola. No es que no me guste su prescencia pero me fastidia totalmente que me quiten de lo que estoy concentrada. Estoy en mi mundo, y cada vez que alguien llama, me interrumpe o interviene en mi espacio o en mi tiempo está arrancándome de mi paraíso exquisito y exclusivo que es mi mente. Debo decir que nunca me siento sola como dije antes en las otras entradas. Amo estar conmigo (¿Qué bueno, no? Sería un problema si no lo hiciera). Y hay tiempos en los que nesecito ese momento a solas. Ese momento de privacidad y aislamiento (aunque sea) mental.
Que no se confunda, no pretendo ser autista y me agrada mucho estar con personas. Pero es una relación distinta. Y definitivamente una buena relación conmigo es totalmente necesaria e imprescindible para mi felicidad.

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