24 dic. 2011

No es la garrapiñada ni el turrón, no son ni el maní con chocolate ni el pan dulce. No son las luces, o un pino lleno de adornos de plástico. No son los fuegos artificiales o el pecebre. Y aunque no lo parezca para muchos tampoco son los regalos o todo el alcohol que se consume sin remordimiento.
Sos vos, soy yo. Es la abuela que quiere sacarte fotos, pero no entiende muy bien la cámara aún. Es mamá que prepara arrolladitos o matambre planeándolos tres días antes y haciendolo el mismo día al mediodía. Son papá y el tío que debaten cuánto tiempo hay que dejar la carne en la parrilla. Son mis primos que nunca se olvidaron de recibirme con un abrazo. Es la tía que habla acerca de los regalitos y te recuerda: "Hasta las doce, no" con voz picarona. Es el perro que está ultra emocionado de ver a toda la gente que quiere junta, toda al mismo tiempo. Y tal vez es ese mismo sentimiento que mi mascota el que me hace tan feliz los veinticuatros de diciembre de todos los años. Me gusta Navidad, me gusta Noche Buena y Año nuevo. Pero más me gusta el clima que se vive cuando estamos en familia.

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